Me senté en aquel parque. Otoño, hojas seca, vida minúscula debajo de ellas; humildes escarabajos, hormigas ratones, mariquitas, lagartijas.
Los columpios, el tobogán, el arenero, la casita debajo del tobogán a modo de tienda (tu despachas yo compro) y una patina de verdín que cubría el parque entero.
Nadie.
Me senté cansada, muy cansada, arrastré las bolsas del super a mi lado y un único triste pensamiento “se me van a descongelar las patatas”
Me admira la capacidad que tenemos las personas para trasladar corrientes tragedias(a la postre lo son), como es tener pk, a temas tan nimios como las patatas. Cualquiera me diría ¿Qué importancia tienen unas patatas? ¡Compra otras!¡he oído tantas veces cosas así!, deja la casa sin hacer, luego la harás, tu niña ya es grande puede valerse, luego te bañas, come fuera, coge un taxi…pero la vida esta hecha de nimiedades, una sumada a otra y otras forman un entramado de cotidianidades..y creo que no hay mucho mas.
Si, claro, existen las grandes palabras: amor, amistad, solidaridad…y otras no tan bellas como odio y envidias
Pero todas ellas cabían en la soledad y el verdín del parque. En la bolsa de patata a medio descongelar.
En los magníficos colores ocres que me rodeaban.
Respiro, intento olvidar las patatas, intento olvidar la ayuda que he tenido que pedir a la cajera para que me empaquetara todo. Mi tembloroso garabato a modo de firma. Las miradas que no me permití mirar, la conmiseración que no me atreví a encarar. El orgullo de afrontar lo que hace no más de un año no hubiera podido hacer.
El día me premia con un rayito de sol muy caliente, me permito alzar la vista. La Serranía de Ronda inmutable a ratones, bolsas de patatas y autocompasión se me presenta magnifica e inmutable.
Me dan ganas de montar en el columpio, pero el cuerpo aun no tuvo tiempo de recibir la dopa.
Me recuerdo en ese columpio paseando a una de mis alumnas autista: Mi favorita, aunque esté feo decirlo. Los padres y maestros no debemos denotar favoritismos.
La primera vez que la llevamos a ese parque no se quería bajar del columpio ¿Quién querría? Empleamos engaños y regaños, al final nos agredió.
Yo tampoco querría bajarme de nada, también me engaño y agredo.
Se me aparece mi hija con 5 o 6 años, allí jugando con amigos de paso, mientras yo pensaba en mis soledades.
Nos bajamos día a día del tiempo. Se nos descongela como las patatas.
A mi espalda oigo el ruido que hace la maquina del jardinero. Tardará semanas en limpiar los restos de la lluvia torrencial, se le acumulará con otra cosa. Mejor, me gustan las hojas secas ocres.
Tengo un pensamiento infantil: en las películas americanas a las mujeres tristes de los parques se le aparece un Richard Gere que les pregunta: ¿se encuentra bien señora?
Pero esto no es otoño en Nueva York, y yo disto demasiado de ser Winona Raider.
Esto es Ronda y las soledades se comen con patatas fritas a medio descongelar.
sábado, noviembre 08, 2008
Otoño en Nueva York
Publicado por
tate
en
9:22 AM
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentarios:
Hola Tate, como estas? Paso como siempre por esta tu página, la que hago un poco mía, para dejar constancia de mi presencia, te leo con agrado.
Mañana salgo de viaje estaré ausente, creo, un par de meses.
Un abrazo de oso.
Publicar un comentario en la entrada