Han pasado muchos años desde que contraje la enfermedad de parkinson. Entonces mi hija acababa de hacer la primera comunión. Hoy es una universitaria de 20 años de la cual me siento muy orgullosa a nivel académico, pero mi mayor orgullo no es ese, es que se me va convirtiendo en una persona en el buen sentido de la palabra buena.
Cuando me diagnosticaron el mal una de mis grandes preocupaciones era cómo le afectaría a ella, que parte de mi se diluía en enfermedad y le restaba a ella una madre a tiempo total, con la normalidad de poder dar todo lo que hubiera podido, con las capacidades plenas tanto en lo físico como lo psíquico. Duro camino el que me tocó, nadie lo dudaría, combinar mi amargura y mi cuidado con su crianza. He dado menos que muchas madres sanas, pero siempre he tenido como objetivo sacar una enseñanza para ambas ¿y qué se puede sacar de una situación tan adversa? Si bien no es nada sencillo, creo que cualquier circunstancia por dura que sea, se puede llevar con dignidad, con elegancia. Cada día lo he intentado . Y hoy creo que mi mayor triunfo es su respuesta.
Algunas noches recordamos detalles del tiempo en el cual yo todavía tenía salud; pequeños grandes detalles como calentar la toalla para que al salir del baño ella no sintiera el terrible frío de los inviernos en el pueblo, que en las casas destartaladas y baratas se hacía temible; Llevarle la leche caliente a la cama, dormir abrazadas durante las tormentas, que iluminaban el cuarto y parecían querer meterse dentro de la habitación… ¡tantas cosas recordamos! Ella, algunas para mi olvidadas, pero que le han hecho una gran mella en su corazón.
Le dije que al final, por mucho que pase, esas son las cosas que permanecen, esos primeros años de cuidado y entrega que duran por siempre. Y hoy parece que esos mimos me los devuelve ella, con sus momentos de ternura hacia mí, que me hacen sentirme satisfecha, aunque mi vida no sea aquello que se supone debería ser. Deduzco, que si bien se me negó una parcela de vida, otra está sobradamente compensada. Todo esto me produce una inmensa satisfacción y un verdadero sentido a mi existencia
jueves, noviembre 11, 2010
Hablando con mi hija.
Publicado por
tate
en
12:13 PM
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3 comentarios:
Al leerte lo menos que te puedo desear es lo mejor.Un abrazo Carmen.
Por cierto ya soy abuelo, una niña que ya a cumplido su primer mes.
Gracias por compartirlo, a mi me sirve para ver la enfermedad con otros ojos. Mi hermano ha sido diagnosticado y el futuro se vé muy "negro", pero conocer tu experiencia hace ver una luz al final del tunel.
Espero que tú y tu hija estéis bien y podáis disfrutar de muchos momentos como los que describes juntas. Un fuerte abrazo.
No olvides el viaje que tenéis pendiente las dos.
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